CRITICA DE LA REVISTA FOTOGRAMAS SOBRE LA PELICULA 'THE ROVER', AUSTRALIA 2014
El sueño australiano -paraíso de sol perpetuo en la tierra de la libertad y oportunidades, en la mente europea- se ha ido oscurecido desde 1979, estreno de Mad Max, con mayor intensidad según pasaban los años, hasta llegar, con este vagabundo (The Rover), a la total apocalipsis y el más completo caos económico y moral, en la segunda película del virtuoso David Michôd.
Bestia negra de las oficinas de turismo del país, el cineasta ha ido analizando los ángulos más oscuros del comportamiento humano en el nuevo siglo. En sus diez primeros años con una serie de intensos cortometrajes y en 2010 con un increíble debut en el largometraje con Animal Kingdom.
Una primera película, precedida por 9 años de lucha intentando convencer a la industria para producirla, adaptación muy sutil e inspirada del universo deShakespeare: traiciones, poder, crímenes, familia, incestos intelectuales y pistolas reales, amor, venganza y frialdad.
En la que la época era lo de menos: los 80, con sus excesos, sus camisas a cuadros, pantalones de pata de elefante y un tufillo en el aire de “consigue la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible”. El lugar, totalmente indiferente: Melbourne, como ese paraíso en el que atracar un banco, en tiempos pasados, era una profesión como otra cualquiera. Y una nueva variación del sueño shakesperiano: la familia que atraca unida, permanece unida.
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