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jueves, 3 de octubre de 2013

FIC IRINA '50 Sueños de Verano' Relato 50 ''Un final con regreso VI'

Los FICs de este Blog quedan organizados de la siguiente manera: 
LUNES:  FanFic Robsten de Irina,      
MIÉRCOLES:  FanFic Robsten de Irina     
VIERNESFic '50 Sueños de Verano' de Irina
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Aviso sobre los FICS, sobre todo dirigido a las chicas más jóvenes que nos leen ya que aparecerá contenido sexual explícito, con palabras y situaciones (Lemons). Personas impresionables fácilmente  dejamos a vuestra conciencia la decisión de leerlo o no.                         


Para leer FICS anteriores de IRINA '50 Sueños de Verano' 
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FIC-IRINA  50 Sueños de Verano'
Cap XL "UN FINAL CON REGRESO VI"
por IRINA (Irene Mendoza)
Imágenes: Elena





En ese mismo instante, por megafonía, la voz del piloto anunciaba que se disponía a iniciar el despegue rumbo a Londres.
Las recomendaciones de seguridad rompieron nuestra conversación y la magia del encuentro.

- Parece que despegamos ya – dijo Rob con su voz suave y ese aire dulce y tímido que lo hacía parecer tan real y tan extraordinario a la vez. 

- - Eh… sí… - balbuceé.

Quería seguir hablando con Rob, continuar escuchando su hermosa y apacible voz pero una azafata se acercó instándonos, con mucha educación pero también con bastante firmeza, a que nos sentásemos en nuestros respectivos asientos.

Rob me miró, sonrió y me tendió el libro. Mis dedos rozaron los suyos por unos instantes, tan solo un leve roce. Tomé el libro de su mano y justo después, con un ademán a modo de saludo, se dio la vuelta para dirigirse a su asiento. Antes de sentarse me echó una última mirada y me sonrió con esa maravillosa sonrisa suya, dulce y sexy a la vez, que me dejó completamente aturdida, de pie junto a mi asiento.
-          - Por favor… - insistió la azafata.
-          - Sí, sí… ahora voy – musité con la vista clavada aun en su espalda.
Me dejé caer sobre el asiento trastornada, sin dejar de mirar la espalda de Rob, unos cuantos asientos por delante. Vi cómo se quitaba la gorra y estuve observándole hasta que él se sentó también y desapareció de mi campo de visión.
Me pasé el resto del vuelo con la vista fija en aquel punto del avión, mirando allí donde estaba Rob. Pensando, ideando como volver a encontrarme con él, como hablarle de nuevo.
Pensé en levantarme para ir al baño y de paso caminar hasta su asiento pero iba a parecer una patética idiota si lo hacía. Aunque era el único modo de verle una vez más.
Así estuve un buen rato, cavilando como hacerlo sin que fuese demasiado obvio pero cuando estaba a punto de levantarme, tras armarme de valor, el piloto volvió a anunciar que nos aproximábamos ya a Heathrow y que en breve íbamos a aterrizar.
Ya no había nada que hacer, el tiempo se había agotado. ´´Serás estúpida´´, pensé. ´´Siempre pensándolo todo tanto… y al final para nada´´.
Mi vida era un continuo jugar y perder en el último momento.
Pero aún me quedaba una oportunidad. Nada más aterrizar y soltarme el cinturón a toda prisa, ansiosa, me adelanté por el pasillo para llegar hasta él. Rob ya se dirigía hacia la salida del avión cuando le alcancé.
-          - Rob… espera – dije sacando todo el valor que poseía.
El se giró para mirarme y yo le tendí el libro. ´´Money´´, de Martin Amis, su lectura preferida.
-          - ¿Para mí? – preguntó alzando las cejas, sorprendido.
-          - Sí, toma. Yo ya lo he leído.
-          Muchas gracias. Debería firmarte algo al menos – dijo palpando sus bolsillos -. ¡Oh, lo siento no tengo bolígrafo!
-          - Yo tampoco – sonreí.
Los dos reímos en medio de aquella extrañísima situación en la que él sabía que yo sabía quién era y viceversa. No era el momento ni el lugar para fotografías. Los demás pasajeros intentaban salir del avión y nosotros estábamos taponando la salida. Una vez más pensé que el destino me estaba jugando una mala pasada.
-          - Lo lamento – repitió.
-          - Y yo – reconocí.
-          - De todas formas, muchas gracias – sonrió con ese increíble dulzura tan varonil.
-           - De nada – susurré.
-          Encantado de haberte conocido y espero que seas muy feliz en Londres – dijo tendiéndome la mano.
Yo se la tomé sin dejar de mirarle y con ese contacto tuve una sensación muy extraña, sentí que… que le conocía, de otro lugar, de otro tiempo. Me quedé allí, presa de ese sentimiento de déjà-vu, con mis ojos fijos en los suyos hasta que soltó mi mano y se fue, alejándose de mí con su sempiterna sonrisa y sus andares ligeros, de zancadas grandes y elegantes.
´´Adios, hasta siempre´´, pensé sin poder mover mis pies del lugar donde mi mano había estrechado la suya y con esa extraña sensación de cercanía agarrada en el pecho.
* * *

Mónica se había ocupado de todo para mi llegada y había alquilado una bonita casa con un pequeño jardín en la azotea, en el céntrico barrio londinense de Chelsea. Ella misma la había decorado con mis propios muebles traídos desde Bilbao y detalles muy míos, me conocía perfectamente. Eran muchos años siendo en el fondo más colegas que jefa y empleada. 

 

 











Años atrás había entendido perfectamente mi necesidad de huir de Londres, de olvidar a Alex y empezar una nueva vida.
 
Dejé las maletas en el hall y lo primero que hice fue ir a la cocina para prepararme un té, el primero de mi regreso. Mónica me había dejado la despensa bien provista de, entre otras cosas, mis tés favoritos: Twinings English Breakfast y Earl Grey. Me decanté por este último, más aromático con su toque de bergamota y me tomé dos tazas acompañadas de unas deliciosas galletas de mantequilla antes de subir al dormitorio. 


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