lunes, 9 de noviembre de 2015

Crítica sobre la película 'La Infancia de un Líder' desde el XII Festival de Cine Europeo Sevilla 2015

Sección: El Huevo de l aSerpiente
Manu Yáñez


En “The Childhood of a Leader”, ambientada en las postrimerías de la Gran Guerra, el debutante Brady Corbet retrata la forja del fascismo a través de la educación de un niño.

Ambiciosa, fascinante a ratos, e irregular en su conjunto, The Childhood of a Leader, el sorprendente debut en la dirección del actor Brady Corbet, posee un arranque arrollador. Sobre unas imágenes de archivo de la Primera Guerra Mundial, escuchamos el enérgico aporreo orquestal de la partitura de Scott Walker, que imprime un carácter maximalista a una “obertura” que nos lleva hasta una pequeña población francesa donde unos niños vestidos de ángeles desfilan a cámara lenta rumbo al ensayo de una representación teatral navideña. Uno de esos niños –el ángel de melena rubia– es el hijo de un diplomático norteamericano que está participando en los acuerdos de paz que deben poner punto final a la Gran Guerra. La película, lejanamente inspirada en La infancia de un jefe, la novela corta de Jean-Paul Sartre, retratará la conflictiva educación de un niño que, fruto de la permisividad, desatención y amargura de sus padres, se convertirá en un prematuro maestro en el arte de la manipulación, el autoritarismo y la agresión.

Cabe decir que The Childhood… funciona mejor como el retrato semi-alucinado de unos tiempos oscuros que como un psicodrama sobre la forja de un tirano. En este sentido, el concepto clave del film es el extrañamiento. Haciendo alarde de un talento natural para el uso expresivo y perturbador del travelling –que hace pensar en la “trilogía histórica” de Paul Thomas Anderson–, Corbet describe una tierra de penumbra y abatimiento. En un doble travelling de ida y vuelta, la cámara sigue al pequeño protagonista y a su madre (Bérénice Bejo) por las mugrientas calles del poblado, para luego arrimarse al morro de un caballo y acompañar a un grupo de mujeres cabizbajas en lo que parece una procesión fúnebre sin féretro. Luego, en la puesta en imágenes de una pesadilla del niño, el lúgubre y monumental interior de un edificio abandonado deviene la representación de un miedo que es el de todo un pueblo y también el de un niño que hallará las condiciones óptimas para encarnar el horror fascista.



En algunos de los mejores pasajes del film, esta mirada extrañada a unos tiempos turbulentos se infiltra en la crónica intimista de la educación del niño, cuyo nombre, por cierto, no conoceremos hasta los pasajes finales de la película. Un misterioso plano de contornos difuminados se revela como lo que parece ser un plano subjetivo de un caballo. De hecho, los corceles (vivos o ilustrados) van apareciendo de forma recurrente y misteriosa a lo largo del film: ¿son las víctimas de la sinrazón humana, como en El caballo de Turín de Bela Tarr? ¿O son en realidad, junto a una amenazadora serpiente, encarnaciones animales del mal, como ocurría en Anticristo de Lars von Trier? (Vale la pena recordar que Corbet apareció en Melancholia de von Trier, de la que The Childhood… hereda su estructura por capítulos). Más adelante, en uno de los travellings de seguimiento más fascinantes de la película, la cámara se arrima a la espalda del pequeño mientras baja unas escaleras y el plano termina deteniéndose en el extremo en espiral de una barandilla. Interesante representación diagramática de la turbación interior del niño.

El problema de The Childhood… es que su dimensión extrañada se va desvaneciendo a medida que la película se centra en el distanciado análisis de la asimilación por parte del niño de las lacras de sus padres. Es entonces cuando la frialdad kubrickiana de la que hace gala el arranque de la película se torna más hanekiana (y morbosa) en su observación del despertar del niño a la crueldad. (Aquí no está de más recordar que Corbet interpretó a uno de los psicópatas de la versión yanqui del Funny Games de Haneke). Pasado el ecuador del film, el interés de The Childhood… deja de estar en el niño y se desplaza hacia los tejemanejes políticos del padre, que negocia en nombre del presidente Woodrow Wilson los términos de la rendición de Alemania y el reparto de territorios entre los vencedores de la Gran Guerra.

Hacia el principio de la película, un párroco reclama de los negociadores del tratado de paz una altura de miras que trascienda los ámbitos de la economía y la política, y que tenga en consideración cuestiones de orden ideológico y religioso. Sin embargo, los derechos y libertades de la población –hay una referencia directa al sufragio universal– quedan en un lugar secundario ante el interés que genera “el carbón de Alemania”. En este sentido, The Childhood… adquiere una dimensión contemporánea en su retrato de una Europa que, con la complicidad de los Estados Unidos, se muestra incapaz de mirar más allá de sus fronteras e interesas. Una lectura que demuestra la ambición del joven Corbet, que pese al simplismo ocasional de su guión (escrito junto a Mona Fastvold) consigue imprimir a su propuesta una notoria complejidad temática y cinematográfica. 

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1 comentario:

  1. Alguien me podría explicar porqué Robert Pattinson ( el amigo del padre) sale al último de la película representando al niño ???

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